Hacia el año 550 después de Cristo, un minero entró a una galería estrecha en lo que hoy es Chuquicamata. Golpeó mal la roca. El techo se le vino encima.
Murió ahí, atrapado, con sus herramientas de piedra al lado. Nadie lo sacó.
Mil trescientos cincuenta años después lo encontraron. Y desde entonces no ha vuelto a casa.

El hallazgo
Fue en 1899. Unos trabajadores dieron con el cuerpo de un hombre en una galería antigua, mucho más arriba de donde se estaba trabajando.
Estaba entero. La piel se le había teñido de verde: los minerales de cobre que lo rodeaban se le habían metido en el cuerpo y lo habían conservado como una pieza de museo, sin que nadie se lo propusiera.
Junto a él estaban sus herramientas. Martillos de piedra, un canasto de cuero, palas de madera. Estaba sacando atacamita, un mineral verde de cobre que en el mundo andino se usaba molido como pigmento.
Le pusieron el Hombre de Cobre.
Lo que pasó después es peor
Un cuerpo así, en 1899, no era considerado un antepasado. Era una curiosidad, y una curiosidad se vende.
Empezó una pelea por su propiedad que duró años. Un administrador francés de apellido Pidot lo consiguió por dos mil pesos. Después pasó a manos de un estadounidense, Edward Jackson. Después se vendieron los derechos por quince mil pesos.
Se exhibió en Chile, cobrando entrada. Y en 1901 lo embarcaron a Estados Unidos para mostrarlo en la Exposición Panamericana de Búfalo, Nueva York.
En 1905 lo compró el banquero J.P. Morgan, uno de los hombres más ricos del planeta, y lo donó al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.
Ahí está hoy.
Quién era
Análisis posteriores fecharon su muerte alrededor del año 550 después de Cristo. Murió asfixiado, no aplastado: quedó atrapado en un espacio sin aire.
No era un rey ni un sacerdote. Era un trabajador. Un hombre que entró a un socavón a sacar mineral y no salió, mil quinientos años antes de que en ese mismo cerro se abriera la mina de cobre a rajo abierto más grande del mundo.
Esa continuidad es lo más impresionante de la historia. En el mismo lugar donde hoy trabajan miles de mineros chilenos, hubo un minero chileno hace quince siglos, haciendo lo mismo, muriendo de la misma manera.
El intento de traerlo de vuelta
Desde hace años hay iniciativas para repatriarlo. Han participado autoridades de Calama, parlamentarios y organizaciones de la región de Antofagasta. Codelco llegó a exhibir una réplica.
El museo de Nueva York lo tiene catalogado como parte de su colección y no ha accedido a devolverlo.
El debate es el mismo que rodea a las momias egipcias en Londres o a los mármoles del Partenón: qué hace un cuerpo humano dentro de una vitrina extranjera, y a quién pertenece.
Lo que queda
Un hombre entró a trabajar una mañana del siglo VI. La montaña se le cerró encima.
Lo desenterraron, lo vendieron cuatro veces, lo cruzaron a otro continente y lo pusieron en una vitrina a más de ocho mil kilómetros de su casa.
Sigue ahí, verde, con sus herramientas al lado. Esperando que alguien termine el turno.




