El 1 de abril de 1976, tres hombres firman los papeles de una empresa nueva. Doce días después, uno de ellos se arrepiente. Vende su parte —un 10%— por ochocientos dólares y se va tranquilo.
Se llamaba Ronald Wayne. La empresa se llamaba Apple. Hoy esa empresa vale más de diez veces el Producto Interno Bruto de Chile.
Wayne no fue tonto. Fue prudente en el peor momento posible. Y su historia es la mejor entrada a una compañía que, en cincuenta años, estuvo dos veces a punto de no existir.

El primer producto no era un computador
El Apple I es una placa de circuitos. Nada más.
Sin carcasa. Sin teclado. Sin pantalla. Sin fuente de poder. El comprador tenía que conseguir todo eso por su cuenta, incluida la caja de madera. Se armaban a mano, en la casa de la familia Jobs, en Los Altos.
Se vendieron unas doscientas unidades. Hoy, cuando aparece una en un remate, se paga por ella como por una obra de arte.
Lo que hizo despegar al Apple II no lo inventó Apple

Al año siguiente llega el Apple II y cambia la regla: viene armado, con carcasa de plástico, teclado incorporado y color. Se enchufa y funciona.
Pero lo que lo convierte en un negocio serio aparece dos años después y lo escribe otra gente. Se llama VisiCalc: la primera planilla de cálculo del mundo. Y durante un tiempo funciona únicamente en un Apple II.
De un día para otro, un contador tiene una razón para gastar el sueldo de varios meses en un computador. No para jugar. Para trabajar.
Es la primera vez que ocurre algo que se va a repetir toda la vida de la empresa: el aparato de Apple despega cuando alguien de afuera le encuentra un uso que Apple no había imaginado.
El comercial que se emitió una sola vez

En 1984 aparece el Macintosh. Trae ratón, ventanas e íconos en una época en que usar un computador significaba escribir órdenes en una pantalla negra.
Para anunciarlo, Apple encarga un comercial a Ridley Scott, el director de Alien y Blade Runner. Lo pasan una sola vez, en el entretiempo del Super Bowl. Nunca más.
El Macintosh vende poco. Es caro y es lento. Pero define cómo se ven los computadores hasta hoy, incluido el que estás usando para leer esto.
Un año después, Steve Jobs pierde una pelea interna y lo echan de la empresa que fundó.
1997: noventa días

La década sin Jobs casi liquida a Apple. Demasiados modelos, ninguno bueno, la participación de mercado en caída libre. La prensa especializada daba fechas para el funeral.
Apple compra la empresa que Jobs había fundado después de irse, y con ella vuelve Jobs.
Entonces ocurre la escena más incómoda de esta historia. Agosto de 1997, escenario de Macworld: aparece en una pantalla gigante el rostro de Bill Gates, dueño de Microsoft, el enemigo declarado. Anuncia que Microsoft va a invertir 150 millones de dólares en Apple.
El público abuchea.
Ese cheque es una de las razones por las que Apple sigue existiendo. Jobs corta la línea de productos casi entera y deja cuatro.
La costumbre de quitar cosas

En 1998 sale el iMac G3: translúcido, de colores, redondo. Y sin disquetera.
Hay que entender lo que eso significaba. En 1998, el disquete era como es hoy el cable de carga. Todo el mundo lo usaba, todos los días.
Apple lo sacó igual. Y ahí inauguró su costumbre más discutida: eliminar algo que la gente todavía usa, aguantar la rabia dos o tres años, y esperar a que el resto de la industria haga lo mismo.
Después vinieron el lector de CD, el conector de audífonos y la ranura de la tarjeta SIM. La lista sigue creciendo.
Los dos saltos
En 2001 llega el iPod con una frase que resume el producto entero: mil canciones en el bolsillo. En 2003 abre la tienda de iTunes y Apple deja de ser una empresa de computadores para volverse una empresa de música.
En enero de 2007, Jobs anuncia tres productos: un iPod con pantalla táctil, un teléfono y un aparato para navegar por internet. Los repite lentamente. Y aclara que no son tres cosas: es una sola.
Ese mismo año la empresa se cambia el nombre. Deja de llamarse Apple Computer. Pasa a ser Apple, a secas. Ya no vendía computadores.
El sucesor que nadie quería
En agosto de 2011 Jobs renuncia por enfermedad. En octubre muere. Queda a cargo Tim Cook, que no era diseñador ni inventor: era el hombre que ordenaba las fábricas y los proveedores.
Medio mundo dio por hecho que sin Jobs la empresa se apagaba.
Con Cook, Apple se convirtió en la primera compañía de la historia en valer un billón de dólares. Después dos. Después tres. Hoy ronda los cuatro billones: más de diez veces todo lo que produce Chile en un año.
Cincuenta años después

Apple cumplió medio siglo el 1 de abril de este año.
Y hoy, 9 de septiembre de 2026, hizo dos cosas que ya había hecho antes. Estrenó director ejecutivo: John Ternus dirigió su primer evento, con Tim Cook mirando desde la audiencia. Y presentó un teléfono que se dobla por la mitad, el iPhone Duo, que cuesta dos mil dólares. Casi lo mismo que costaba un Macintosh en 1984.
De paso eliminó el desbloqueo por reconocimiento facial. La disquetera del iMac, otra vez.
Cincuenta años de una empresa que empezó vendiendo una placa sin caja, estuvo a noventa días de desaparecer y hoy vale más que la economía completa de varios países juntos.
Y de un socio que se bajó a los doce días, por ochocientos dólares, porque le pareció demasiado riesgo.




