En medio de la pampa del Tamarugal hay un cerro solo. No tiene otro alrededor. Se llama cerro Unita y en una de sus laderas hay dibujada una figura humana de 86 metros de alto.
Es el geoglifo antropomorfo más grande del mundo. Lleva unos mil años ahí. Y todavía no sabemos con certeza a quién representa.

Ochenta y seis metros
La figura mide 86 metros de largo. Para dimensionarlo: un edificio de veintiocho pisos, acostado en la ladera de un cerro.
Tiene cabeza rectangular con doce líneas que salen hacia arriba, como rayos o como un tocado. El cuerpo es un rectángulo dividido en franjas. Las piernas y los brazos son barras rectas. A un costado lleva lo que parece un bastón, y cerca hay una figura que se ha interpretado como un animal.
Está en el flanco noroeste del cerro Unita, a unos 15 kilómetros del pueblo de Huara, en la región de Tarapacá. Y no está solo: en el mismo cerro hay al menos otras 21 figuras geométricas y de animales.
Cómo se hizo
No está pintado. Está construido.
La técnica es doble. Por un lado se despejó el terreno, retirando la capa oscura de piedras superficiales para dejar a la vista el suelo claro que hay debajo. Por otro, se acumularon piedras para formar las líneas oscuras.
El contraste entre los dos tonos es todo el dibujo. Sin pigmento, sin herramientas de metal, sin andamios. Solo piedra movida a mano, en una superficie tan grande que quien la construía no podía ver lo que estaba haciendo.
Se calcula que fue hecho entre los años 1000 y 1400 después de Cristo, por culturas anteriores a los incas.

Quién es
Acá empiezan las hipótesis, y ninguna está cerrada.
La más aceptada dice que es un chamán, un yatiri, con su tocado ceremonial y su bastón de mando. Los rayos de la cabeza serían el atributo de poder.
Otra lo asocia a Tunupa-Tarapacá, una deidad andina vinculada a un viaje mítico que baja desde el lago Titicaca hasta el océano Pacífico. Esa ruta pasa exactamente por donde está el cerro.
Una tercera propone que funcionaba como calendario: la posición de la luna respecto de las líneas de la cabeza permitiría marcar los tiempos de siembra y de lluvia en el altiplano.
Las tres pueden ser ciertas a la vez. En el mundo andino, una deidad, un calendario y una autoridad religiosa no son categorías separadas.
Para qué sirve un dibujo que no se ve de cerca
La pregunta obvia es para quién se hizo, si desde el suelo la figura es casi imposible de leer completa.
La respuesta más razonable no tiene nada de mística. Por esa pampa pasaban las caravanas de llamas que conectaban el altiplano con la costa: bajaban lana, charqui y minerales, subían pescado seco, sal y algas. Eran viajes de semanas.
Un cerro aislado con una figura gigante en la ladera es, para una caravana, exactamente lo que un letrero de carretera es para un camión. Marca dónde estás. Y marca de quién es el territorio que estás cruzando.
Lo vieron desde un avión
El Gigante estuvo ahí durante siglos, a plena vista y sin que nadie lo mirara completo.
Recién en 1967, en un vuelo de exploración, Eduardo Iensen Franke lo avistó desde el aire junto a los arqueólogos Delbert True y Lautaro Núñez. Desde arriba, la figura aparece de golpe y entera.
En 2019 el sector fue declarado Bien Nacional Protegido, con 1.144 hectáreas resguardadas. Aun así, buena parte de las figuras del cerro no está sistemáticamente registrada ni estudiada.
Cómo llegar
Está a unos 84 kilómetros de Iquique, camino a Huara, y se ve desde la ruta. La luz de la mañana temprano o del atardecer marca mejor el relieve.
Una advertencia que no sobra: no se camina sobre el geoglifo ni por la ladera. Cada piedra movida es un pedazo de dibujo que se pierde, y estas figuras llevan mil años esperando que alguien las mire desde lejos.




